
El Coaching Ontológico no ocurre en el vacío. La crítica, a veces, sí
26 junio, 2026En el trabajo cotidiano con líderes, equipos y procesos de transformación, hay una distinción que suele pasar desapercibida, pero que cambia completamente la profundidad de cualquier intervención: la diferencia entre cómo interpretamos la realidad y cómo actuamos en ella. Aunque hoy esta conversación aparece en espacios de coaching, cultura organizacional y liderazgo, su raíz se encuentra en el pensamiento de Immanuel Kant.
Kant propuso que no basta con preguntarnos qué sabemos, sino que también debemos preguntarnos desde dónde lo sabemos y para qué actuamos. Esta doble mirada —que él desarrolló en la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica— encuentra hoy una expresión viva en el coaching ontológico, particularmente en la obra de Rafael Echeverría y en los fundamentos biológicos del conocimiento desarrollados por Humberto Maturana y Francisco Varela.
Todo comienza con una idea que, aunque incómoda, resulta profundamente liberadora: no vemos la realidad tal como es, sino como la interpretamos. Kant sostuvo que el conocimiento humano está mediado por estructuras previas —formas y categorías— que organizan nuestra experiencia. En otras palabras, no accedemos a las cosas en sí mismas, sino a los fenómenos tal como aparecen para nosotros. Siglos después, esta intuición resurge con fuerza cuando Rafael Echeverría afirma que no sabemos cómo las cosas son, sino cómo las observamos.
En el lenguaje del coaching ontológico, esta idea se traduce en el concepto de observador. Cada persona no solo percibe el mundo, sino que lo configura a partir de su historia, su lenguaje, sus creencias y su emocionalidad. Lo que alguien considera un problema, otro puede verlo como una oportunidad; lo que para uno es evidencia objetiva, para otro es solo una interpretación más. Aquí es donde las aportaciones de Humberto Maturana y Francisco Varela, especialmente en El árbol del conocimiento, profundizan esta comprensión al mostrar que el conocer no es un acto pasivo, sino un fenómeno biológico: los seres humanos no captan la realidad, la co-construyen desde su propia estructura.
Sin embargo, comprender cómo interpretamos el mundo no es suficiente. La gran aportación de Kant es haber mostrado que el ser humano no solo conoce, sino que actúa. En su reflexión sobre la razón práctica, plantea que toda acción implica una toma de posición frente al mundo, una decisión que no puede sostenerse sin asumir, al menos implícitamente, la idea de libertad. No podemos demostrar teóricamente que somos libres, pero necesitamos operar como si lo fuéramos para poder responsabilizarnos de nuestras decisiones.
Este punto es crucial para el coaching ontológico, porque desplaza la conversación del diagnóstico a la transformación. No se trata únicamente de entender por qué alguien ve lo que ve, sino de abrir la posibilidad de que vea distinto y, por lo tanto, actúe distinto. En la práctica, esto se traduce en procesos donde las personas comienzan cuestionando sus propias interpretaciones —aquello que daban por obvio o incuestionable— y, a partir de ahí, diseñan nuevas acciones que antes no eran visibles para ellas.
Cuando un líder afirma que su equipo no está comprometido, por ejemplo, lo que aparece no es un hecho objetivo, sino una forma particular de observar. Al intervenir sobre esa interpretación, no solo cambia la manera en que describe la situación, sino también las acciones que considera posibles. Este desplazamiento es sutil pero profundo: transforma la realidad no porque cambien las circunstancias externas, sino porque cambia el observador que las interpreta.
En este sentido, el coaching ontológico puede entenderse como una práctica que integra, de manera aplicada, los dos usos de la razón que Kant distinguía. Por un lado, trabaja sobre las condiciones desde las cuales una persona construye sentido —su manera de conocer— y, por otro, sobre las decisiones y acciones que esa persona está dispuesta a asumir. La transformación ocurre precisamente en la intersección de ambos dominios.
Lo más potente de esta integración es que introduce una noción exigente pero profundamente empoderadora: la responsabilidad. Si bien no elegimos muchas de las condiciones en las que vivimos, sí podemos intervenir en la manera en que las interpretamos y en las acciones que decidimos tomar. En ese espacio, que Kant abrió filosóficamente y que el coaching ontológico operacionaliza, aparece la posibilidad de cambio.
Por eso, aunque pueda parecer distante, el pensamiento de Kant sigue vivo en cada conversación de coaching que busca ir más allá de la solución superficial de problemas. Cada vez que alguien cuestiona su manera de ver y se atreve a actuar de una forma distinta, está, en cierto sentido, recorriendo el mismo camino: el de comprender los límites de su conocimiento para abrir nuevas posibilidades de acción.
Referencias
- Immanuel Kant. (2007). Crítica de la razón pura. Madrid: Alfaguara. (Obra original publicada en 1781).
- Immanuel Kant. (2002). Crítica de la razón práctica. Madrid: Alianza. (Obra original publicada en 1788).
- Rafael Echeverría. (2005). Ontología del lenguaje. Santiago: Granica.
- Humberto Maturana., & Francisco Varela. (1990). El árbol del conocimiento. Santiago: Editorial Universitaria.
Equipo Aprending Talent Development.
Escuela de Coaching Ontológico ICF – Consultoría Organizacional en Talento y Cultura.
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