
Del objetivo al aprendizaje: cómo se desarrollan las habilidades humanas y técnicas
25 agosto, 2026Corporalidad y Coaching Ontológico
Cuando hablamos de aprendizaje solemos pensar en aquello que ocurre en nuestra mente: comprender, analizar, adquirir conocimientos, modificar una idea o descubrir una nueva interpretación. También solemos pensar que, una vez que hemos comprendido algo, estamos en condiciones de actuar de una manera diferente.
Sin embargo, la experiencia cotidiana nos muestra algo distinto. Podemos saber perfectamente qué queremos hacer y, aun así, no poder hacerlo. Podemos comprender que necesitamos poner un límite y seguir evitando decir que no. Podemos reconocer que necesitamos conversar con alguien y postergar indefinidamente esa conversación. Podemos incluso declarar que estamos preparados para un cambio mientras nuestro cuerpo parece permanecer aferrado a la manera anterior de habitar la situación. Hay algo que ocurre entre comprender una posibilidad y poder encarnarla.
Ese espacio es, en buena medida, el territorio de la corporalidad.
En el Coaching Ontológico, la experiencia humana suele abordarse desde la articulación de tres dominios: lenguaje, emocionalidad y corporalidad. Esto implica reconocer que aprender no consiste únicamente en comprender algo conceptualmente. El aprendizaje también requiere incorporar nuevas maneras de sentir, actuar y habitar el mundo. Corporalidad y Coaching Ontoló…
Desde esta perspectiva, el cuerpo deja de ser un elemento secundario de la experiencia humana. No es simplemente aquello que transporta nuestra mente, ni una herramienta que ejecuta las instrucciones de nuestra voluntad. El cuerpo es una dimensión constitutiva de nuestra manera de estar en el mundo.
El cuerpo que somos
Una de las aportaciones fundamentales de Maurice Merleau-Ponty consiste precisamente en cuestionar la separación radical entre conciencia y cuerpo. Frente a una tradición que había tendido a pensar al cuerpo como un objeto material separado de la conciencia, la fenomenología propone comprenderlo como el lugar mismo desde el cual tenemos experiencia del mundo. No somos primero una conciencia que después utiliza un cuerpo. Somos seres corporales que perciben, sienten, se mueven, desean y actúan.
El cuerpo es, en este sentido, nuestra manera concreta de estar en el mundo. A través de él percibimos y nos relacionamos con aquello que nos rodea. La percepción no es una fotografía objetiva de una realidad exterior, sino una experiencia situada, atravesada por nuestra historia, nuestras prácticas y nuestra manera particular de habitar el mundo. Corporalidad y Coaching Ontoló…
Esto tiene una consecuencia profunda para el Coaching Ontológico. Si el cuerpo es parte constitutiva de nuestra manera de estar en el mundo, entonces nuestros juicios, emociones, hábitos y posibilidades de acción no viven exclusivamente en el lenguaje. También se expresan corporalmente.
Una persona puede vivir una situación desde la tensión, otra desde la confianza. Una puede acercarse al mundo corporalmente disponible, mientras otra permanece a la defensiva. Una puede avanzar con determinación y otra puede sentirse permanentemente obligada a protegerse. En cada caso, no estamos simplemente frente a cuerpos diferentes.
Estamos frente a diferentes maneras de habitar una situación. Por eso, observar la corporalidad puede convertirse en una vía privilegiada para ampliar la comprensión que una persona tiene de sí misma.
Cuando el cuerpo entra en la conversación
Imaginemos una sesión de coaching. El coachee habla de una conversación que necesita tener. Dice estar decidido a llevarla a cabo. Sin embargo, mientras habla, su respiración cambia, su cuerpo se retrae y su mirada pierde contacto.
¿Qué debería hacer el coach?
Una posibilidad sería interpretar inmediatamente esas señales:
“Tienes miedo.”
Pero esa intervención supone que el coach sabe lo que significa aquello que observa. Una aproximación fenomenológica es distinta. El coach puede simplemente traer la observación a la conversación:
“He notado que cuando hablas de esta conversación tu cuerpo cambia. ¿Lo reconoces?”
La pregunta devuelve la experiencia a quien la está viviendo.
No se trata de convertir al coach en un intérprete del cuerpo, sino de convertir al cuerpo en un fenómeno que puede ser explorado por el propio coachee.
Planteo precisamente esta distinción: el coach puede observar una tensión, un movimiento o un gesto recurrente y llevarlo a la conversación para indagar su sentido; también puede invitar directamente al coachee a conectar con lo que ocurre corporalmente mientras conversa. En ambos casos, la intención no es imponer una interpretación, sino ampliar la autoescucha y el observador. Esto resulta especialmente relevante porque muchas veces aquello que todavía no podemos formular lingüísticamente ya está presente en nuestra corporalidad. El cuerpo puede expresar algo que todavía no sabemos decir.
De la conciencia a la encarnación
Pero reconocer lo que ocurre en el cuerpo tampoco es suficiente. Si el coaching busca facilitar aprendizaje y transformación, la conciencia necesita abrir posibilidades de acción. Una persona puede darse cuenta de que está evitando una conversación; puede descubrir el juicio que sostiene su comportamiento; puede comprender que necesita establecer un límite. Pero todavía necesita hacer algo con ese descubrimiento.
El aprendizaje se vuelve corporal cuando comienza a convertirse en práctica. Hacer una petición. Declarar un no. Iniciar una conversación. Ensayar una nueva postura. Respirar de otra manera. Practicar una forma diferente de escuchar. Repetir una acción hasta que deje de ser completamente extraña.
El cuerpo aprende haciendo.Por eso, el documento plantea distintas formas de acción corporal: acciones concretas, acciones repetitivas y acciones reflexivas. El objetivo no es imponer una conducta al coachee, sino acompañarlo en el diseño de prácticas que permitan sostener aquello que ha descubierto. Aquí aparece una distinción que considero fundamental:
comprender una nueva posibilidad no equivale todavía a poder habitarla.
La transformación requiere que esa posibilidad encuentre una forma corporal de existencia.
Disposiciones para afrontar el mundo
Desde esta perspectiva podemos dar un paso más y preguntarnos no solamente qué expresa nuestro cuerpo, sino desde qué disposición corporal estamos afrontando el mundo.
Una disposición al movimiento puede entenderse como una manera en que nuestro cuerpo se prepara para percibir, recibir y actuar frente a aquello que acontece.
No se trata simplemente de moverse físicamente. Se trata de la disposición desde la cual nos relacionamos con una situación.
En este sentido, podemos reconocer al menos cuatro disposiciones especialmente relevantes para el coaching, como lo ha marcado ya Rodrigo Pacheco: estabilidad, flexibilidad, apertura y resolución.
La estabilidad es el cuerpo que se sostiene. No es inmovilidad ni rigidez. Es encontrar un centro, un apoyo, un piso desde el cual sea posible moverse. Sin estabilidad, el movimiento puede convertirse en reacción. Necesitamos cierta capacidad de sostenernos para poder afrontar la incertidumbre sin quedar completamente arrastrados por ella.
La flexibilidad es el cuerpo que puede adaptarse sin perder su centro. No significa indecisión ni ausencia de dirección. Significa disponibilidad para modificar la manera de actuar cuando la situación lo requiere. Sin flexibilidad, la estabilidad puede transformarse en rigidez y la resolución en obstinación.
La apertura es el cuerpo que permite que algo nuevo aparezca. Implica disponibilidad para escuchar, recibir y dejarse afectar por aquello que no coincide con nuestras expectativas. Sin apertura, la resolución puede convertirse en ceguera: podemos avanzar con enorme determinación hacia aquello que creemos correcto sin advertir que el mundo, los otros o las circunstancias nos están mostrando algo diferente.
Finalmente, la resolución es el cuerpo que se orienta hacia la acción. Es la disposición de quien ha encontrado una dirección y está disponible para avanzar. No es dureza ni tensión; es determinación. Sin resolución, la apertura puede convertirse en pasividad y la flexibilidad en dispersión.
Estas disposiciones no deberían entenderse como características permanentes de una persona. Más bien constituyen posibilidades corporales que podemos aprender a reconocer y desarrollar.
Una persona puede descubrir que frente a determinados contextos pierde estabilidad. Otra puede reconocer que se vuelve rígida cuando siente incertidumbre. Otra puede descubrir que escucha, pero no se permite ser afectada por lo que escucha. Otra puede tener claridad respecto de lo que quiere y, sin embargo, permanecer corporalmente indecisa.
El trabajo del coaching puede consistir entonces en ampliar el repertorio de posibilidades desde las cuales una persona puede afrontar una situación.
Transformar la manera de habitar
Esta perspectiva permite comprender la transformación de una manera distinta. Transformar al observador no significa simplemente cambiar una opinión por otra. Tampoco significa construir una narrativa más positiva sobre nosotros mismos. Implica, en algún sentido, aprender a habitar de otra manera aquello que vivimos.
Si una persona quiere aprender a poner límites, quizá no baste con que formule una nueva creencia sobre el respeto. Tendrá que experimentar cómo se siente corporalmente al decir que no. Si quiere aprender a liderar una conversación difícil, tendrá que descubrir cómo sostenerse, abrirse, escuchar y resolver mientras la conversación ocurre. Si quiere aprender a vivir con mayor flexibilidad, tendrá que permitir que su cuerpo experimente que cambiar de dirección no necesariamente significa perderse.
El cuerpo se convierte así en un territorio donde las nuevas posibilidades pueden ser ensayadas. Esto coincide con una de las conclusiones centrales del documento: el cambio sostenible no ocurre solamente como modificación del relato, sino como una reorganización del ser encarnado, que transforma también maneras de caminar, respirar, relacionarse y actuar. Corporalidad y Coaching Ontoló…
Por eso, quizá una de las preguntas más interesantes que podemos llevar a una sesión de coaching no sea únicamente:
¿Qué necesitas hacer diferente?
Sino también:
¿Qué necesita aprender tu cuerpo para poder hacer aquello que quieres hacer?
La pregunta desplaza nuestra atención de la idea hacia la posibilidad. Porque quizá el desafío no consista solamente en saber qué queremos. Quizá consista en aprender a habitar corporalmente el mundo que queremos construir. Y en ese sentido, la corporalidad no es un complemento del Coaching Ontológico.
Es uno de los lugares donde el aprendizaje se vuelve experiencia, donde la posibilidad se convierte en acción y donde la transformación comienza, literalmente, a tomar cuerpo.
Jesús Carvajal
MBA, Filosofía | Coach Profesional PCC-ICF
Aprending
Escuela de Humanidades y Coaching




